¿Qué hacer en Almería? Andalucía – España

La región de Andalucía atesora un patrimonio extraordinario de pequeños entramados urbanos, castillos, templos y restos arqueológicos que o tienen una apasionante conexión con el pasado. La riqueza de la cultura megalítica, presente en los dólmenes de Antequera; la herencia romana, visible en ruinas como Baelo Claudia (Cádiz), Mulva (Sevilla) y muchos otros rincones; la generosidad del legado árabe, repartido en innumerables fortalezas y arquitecturas, y las obras maestras del Renacimiento jienense o del Barroco cordobés, con sus rasgos inconfundibles, se esparcen por la Andalucía rural como un paisaje oculto que merece ser descubierto.

Junto a esta riqueza monumental también abundan los ejemplos de arquitectura popular: molinos, aceñas y ermitas. Las muestras de la vivienda señorial en el mundo rural andaluz tiene su mejor expresión en los grandes cortijos. La arqueología industrial salpica numerosas cuencas mineras de Granada, Almería, Huelva y Sevilla, convive con algunos de los parajes naturales más impactantes de la Península, desde las numerosas sierras protegidas bajo la fórmula de parques naturales, hasta las marismas de Doñana, pasando por los bosques de pinsapar gaditanos y malagueños, los alcornocales de las sierras de Huelva y las cascadas escondidas en el corazón de Despeñaperros.

Almería

Luego de su fundación en mano de los árabes, en el año 955,  Almería se convirtió en una de las grandes capitales de Al-Ándalus y su principal puerto.

A partir de la ocupación musulmana se convirtió, después de Córdoba, en la ciudad más influyente y próspera de la Península Ibérica. También fue una de las ciudades más ricas del mundo Islámico. Los musulmanes ocuparon Almería y se convirtió en una gran ciudad la cual, después de Córdoba, fue la ciudad más influyente y próspera de la Península Ibérica y una de las más ricas de todo el mundo Islámico.
En el año 1012, con su declaración como reino independiente, se creó la Taifa de Almería  y junto con eso llegó su esplendor. Toda la ciudad está vestida de vestigios de la época musulmana. Su monumento principal es la Alcazaba que es, también, la fortaleza más grande construida en España por los musulmanes.

En 1489 vino la conquista de los reyes católicos que puso fin al control musulmán

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En 1522 la mayor parte de la ciudad (incluido el puerto) fue destruida por un terremoto. La crisis provocada por esta tragedia duró casi tres siglos, hecho que dejó afuera a la ciudad del negocio comercial de España las Américas.

Su recuperación económica se dio en el siglo XIX,  con la minería y la exportación de cítricos y uvas. Durante este tiempo se construyeron varios edificios importantes en la ciudad, como las casas señoriales del Paseo de Almería y el Cable Inglés.

Hacia mediados del siglo XX, la ciudad experimentó un gran crecimiento gracias a los dos motores económicos de la provincia: el cultivo en invernadero y el turismo.

La provincia de Almería cuenta con más de 100 Km. de costa indomable, ofreciendo un paisaje de inigualable belleza. Por su situación estratégica, abierta al Mediterráneo, ha albergado durante su historia diferentes civilizaciones. Una importante huella la encontramos en los restos arqueológicos repartidos por toda la provincia.

¿Qué visitar en Almería?

La Alcazaba

Alcazaba de Almería
Construcción de la época musulmana

Es la construcción más emblemática de la ciudad. Tiene 1430 metros de perímetro amurallado. Fue construida por Abderramán III luego de la fundación de la ciudad, en el siglo X. Es, luego de la Alhambra, la construcción musulmana más grande de España.

Es una fortaleza que consta de tres recintos, los dos primeros musulmanes y un último cristiano, construido por parte de los Reyes Católicos, luego de la conquista española sucedida en el año 1489.

Castillo de los Vélez

Una fortaleza renacentista junto al parque natural de la Sierra María

La presencia de artistas italianos dejó su huella inconfundible en la construcción del soberbio castillo que preside Vélez Blanco, levantado en el siglo XVI sobre una alcazaba de Boabdil. Su galería se asoma sobre los tejados del pueblo y ofrece una hermosa panorámica de la cercana Sierra María, en la que se esconde la famosa Cueva de los Letreros. Los interiores del castillo, muy expoliados, incluían el magnífico Patio de Honor renacentista que hoy se exhibe en el Metropolitan Museum de Nueva York.

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Santuario del Saliente

AI sur de Chirivel, en dirección a Albox, un desvío en la carretera lleva a las puertas de este templo de paredes ocres, que se mimetiza con la tierra desde la cima del monte Roel. La construcción barroca, del siglo XVIII, ha sido declarada Monumento Histórico y alberga la imagen de la Virgen del Saliente, objeto de una popular romería a principios de septiembre. El entorno del santuario ofrece unas extraordinarias panorámicas del árido paisaje de barrancos y quebradas.

Hornos de Sorbas

La artesanía del barro sigue viva en el popular barrio de los alfareros de Sorbas, al pie de este pueblo encaramado en unos precipicios que caen a pico sobre el río Aguas. La tierra, regada por el modesto cauce, alimenta la industria de la cerámica local que incluye hornos de leña árabes. En las inmediaciones de Sorbas, el río Aguas se esconde en una intrincada red subterránea de cuevas y simas forradas de cristales de yeso.

Mirador de la Amatista

Un bonito panel de azulejos que ilustra algunas de las aves y especies vegetales del parque natural del Cabo de Gata acompaña las panorámicas del mirador de la Amatista, que se asoma al Mediterráneo en las proximidades del núcleo minero de Rodalquilar. Desde su balcón se abarca el perfil agreste de este litoral de origen volcánico, con su accidentada sucesión de puntas, isletas y calas de nombres evocadores: El Esparto, Los Frailes, Los Genoveses y Los Muertos. Junto al mirador un punto de información permite documentarse sobre el patrimonio natural y las posibles rutas por este espacio, declarado Reserva de la Biosfera por la Unesco.

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Aldea de Las Negras

Sobre una playa de guijarros descansan las embarcaciones de Las Negras, una aldea de unos 350 habitantes que se reparte entre la pesca y el turismo. El parque natural del Cabo de Gata, que envuelve este viejo núcleo marinero, ha frenado su crecimiento urbano y todavía ofrece inolvidables puestas de sol sobre los acantilados cercanos. A dos horas de camino, la cala de San Pedro guarda los restos de un castillo que protegía esta costa de la piratería.

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